Contigo y sin ti, con ella y sin nada. Sentir la necesidad
de abrazarte y no poder, por la culpa de querer a quien mi corazón necesita,
abrazarte y saber que mi corazón se divide inevitablemente, inherente a lo que
pueda pensar yo. Disculpas innecesarias en un corte del alma, con un suave
bisturí improvisado de lógica. Quererte en la interminable carretera que
llevará a quien sabe dónde, y quererla también sabiendo que en ese quien sabe
dónde, está ella esperándome. Querer romper ese espejo demasiado frágil que
refleja mi ser, y saber que mi inconsciente me detiene en ese propósito,
queriéndome decir lo que refleja mi corazón. La inexorable sensación de besarte
al ver tu sonrisa se fuga como el humo del cigarrillo en el viento cuando el
mismo viento me recuerda los ojos de ella.
Irse lejos, simplemente volar hacia las estrellas, dejando que ellas
decidan todo y llenen de luz mi ser, dibujen con esperanzas la imagen de uno de
sus rostros llevándola hacia mí, de la misma manera que yo volé por ellas. Sin
embargo hasta eso hace que me sienta sin vida, al saber que es egoísta y
cobarde el hecho de dejar que las estrellas decidan, y saber que mi corazón va
a morir de cualquier manera
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