Alguien excava tumbas en mi cabeza.
Hay personas asaltando los cementerios
de mi pensamiento.
Revolviendo los despojos primigenios
de alucinaciones inocentes.
Hoy más que nunca necesito la poesía.
Mi imaginación tiene un límite.
Necesito salir de aquí.
En mí.
Estar en otro lugar que no sea en mí.
Cierro los ojos y escucho el mismo número
Hasta el hastío.
Hay palabras arrastrándose en mis oídos.
Hay lamentos.
No.
Hay gritos desesperadamente velados por la distancia del tiempo.
Pero están allí.
Lo sé. Los escucho.
Una garganta perforada deja escapar una melodía constante.
Corroída por el aliento. Por el aliento
De un estomago ya verde.
No soy yo.
No soy yo. Ya lo saben.
Todo estaba rojo.
El rojo se ha quedado pegado en mis ojos.
Pongo trozos de jabón en mis oídos y el rojo sigue allí.
Me detengo. Sigo escuchando palas.
Palas que se arrastran.
Ahora está todo negro.
Ahora más que nunca necesito la poesía.
Hoy más que nunca necesito la poesía.
Mi imaginación tiene un límite.
Necesito salir de aquí.
En mí.
Estar en otro lugar que no sea en mí.
Cierro los ojos y escucho el mismo número
Hasta el hastío.
Hay palabras arrastrándose en mis oídos.
Hay lamentos.
No.
Hay gritos desesperadamente velados por la distancia del tiempo.
Pero están allí.
Lo sé. Los escucho.
Una garganta perforada deja escapar una melodía constante.
Corroída por el aliento. Por el aliento
De un estomago ya verde.
No soy yo.
No soy yo. Ya lo saben.
Todo estaba rojo.
El rojo se ha quedado pegado en mis ojos.
Pongo trozos de jabón en mis oídos y el rojo sigue allí.
Me detengo. Sigo escuchando palas.
Palas que se arrastran.
Ahora está todo negro.
Ahora más que nunca necesito la poesía.


